Existe un peso que puede hundir cualquier vida… Yo lo he conocido.

Y aunque aparece en los peores momentos, se muestra como el sentimiento adecuado.

Aparece cuando hago algo mal. Si rompo un vaso aquí o lastimo a alguien por allí. Y aunque sé que puedo hacerlo mejor… creo que merezco sentirme así.

Esa es la culpa.

Y poco se habla de esto.

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Lentamente se convierte en un monstruo que impide vivir en paz. Poco a poco va apagando la vida.

La vida se empieza a percibir como una carga. Nada se siente bien. Todo se convierte en un examen destinado a ser reprobado.

Y así como las grietas pueden hundir un barco, la culpa puede llevar a alguien a un punto muy bajo.

Pero cuando se llega a ese punto, ¿hay salida? Porque es como luchar en contra de algo que ya es parte de uno…

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Se puede intentar seguir adelante, pero ¿cómo hacerlo cuando hay algo que lo supera a uno?

¿Acaso es un pozo oscuro sin salida? ¿Un hueco lleno de lodo y sin escapatoria? ¿Una condena para cargar con ello hasta el fin de los tiempos?

¿Habrá una alternativa? ¿Una cura? ¿Un antídoto?

Porque simplemente no conozco un suplemento mágico que cure esto.

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Pero en medio de todo este razonamiento, recuerdo que… sí hay algo más.

Es como una sombra que me acompaña adonde voy.

Es como una suave brisa que refresca en un día caluroso, o como ese fuego que abriga en invierno.

Es como recibir la mejor noticia del mundo y sentir que toda carga se desvanece.